El famoso “microchip” en la retina: ¿mito o realidad?

Pues parece que la ficción va dejando paso a la realidad. 

JULIÁN CEZÓN.- Investigadores alemanes han logrado en pacientes ciegos por distrofias retinianas hereditarias la recuperación un grado de visión útil para la realización de las tareas habituales de la vida cotidiana, el reconocimiento de objetos e incluso la lectura de letras mayores de 4 cm. Un paciente ciego prácticamente de nacimiento fue capaz de visualizar las manillas de un reloj, distinguir siete grados de grises, encontrar e identificar utensilios de cocina y combinar letras del alfabeto para formar palabras. Esto se ha conseguido mediante la implantación de un chip colocado quirúrgicamente bajo la retina sobre el que se proyectan las imágenes a la vía fisiológica visual sin necesidad  de cámaras. El microchip de apenas 3 mm de longitud (ver foto) posee en su interior 1500 detectores que envían impulsos eléctricos a través de las fibras nerviosas del ojo generando una imagen de 1500 pixels. El chip se inserta en el interior de la retina a diferencia de otros microchips y no necesita una cámara externa. Eso sí el paciente tiene que estar graduado con gafas de lectura para que la imagen que reciba el microchip sea lo más nítida posible.

El microchip implantado en el interior de la retina
La aplicación de este invento sería útil para pacientes con enfermedades hereditarias como la retinosis pigmentaria, que produce pérdida progresiva de la visión nocturna y de la visión periférica.  El chip está conectado con un cable microscópico que se conecta con un pequeño terminal situado detrás de la oreja del paciente donde se comunica  mediante un cable convencional con un mando de control a pilas. El paciente puede ajustar el brillo y la intensidad de las imágenes a través de ese mando.

En el estudio piloto realizado, 11 pacientes, todos ciegos debido a distrofia hereditaria de retina, fueron operados. De los 11, 5 fueron capaces de reconocer y localizar fuentes de luz u objetos grandes. En los tres últimos el microchip fue implantado en la mácula, el centro de la retina, la parte más sensible y fueron capaces de ver formas y objetos. El último paciente reconoció manzanas y plátanos, ver la hora en un reloj de pared  y reconocer letras y palabras a las dos, tres semanas tras la operación. Un paciente, fascinado por la recuperación fue capaz de reconocer su mano y los movimientos de sus dedos.

Desgraciadamente, no todos los pacientes podrán beneficiarse de esta tecnología, en especial los que tengan dañado el nervio óptico o los que tengan enfermedades en las que la retina esté muy dañada o con insuficiente aporte vascular. 

Los primeros implantes tienen que ser extraídos a los 3 meses de su implantación ya que los cables utilizados no estaban preparados para estar permanentemente en el interior del ojo. 

Los nuevos implantes que se están utilizando en un nuevo estudio multicéntrico en Europa con 25 pacientes sí pueden ser implantados y tolerados a largo plazo.

Esta tecnología es excitante, apasionante, pero hay que ser realistas y no infundir falsas esperanzas a millones de personas con trastornos de retina. Hay que finalizar nuevos estudios y comprobar la seguridad y la viabilidad real de la comercialización de estos sistemas. Pero posiblemente estemos hablando de algunos años, no de lustros. 

Esta información ha sido recogida por el Dr. Pablo Catalán, retinólogo de la Clínica CIMO de Sevilla.

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